Terapia

Los efectos psicológicos del desempleo

Los efectos psicológicos del desempleo

El desempleo no es sólo una cuestión económica. Sus consecuencias psicológicas pueden ser, incluso, más graves.

Esto es debido tanto por la falta de ingresos económicos y la pérdida de un estilo de vida determinado como por el hecho de que el trabajo es mucho más que un medio para ganarnos la vida. Nos da una identidad, nos da una posición social y nos favorece relaciones interpersonales. Las personas desempleadas corren el doble del riesgo que las personas empleadas de sufrir problemas psicológicos tales como depresión, ansiedad, síntomas psicosomáticos, bajo bienestar psicológico y pobre autoestima.

Invisibilidad: Uno de los primeros impactos del desempleo es el padecimiento del síndrome de invisibilidad, sentimos que la gente no nos ve, estamos perdidos entre la multitud, considerándonos totalmente fuera del sistema económico-social.

Aislamiento: La persona va aislándose de los demás, desembocando esto en un deterioro de las relaciones familiares y sociales. Pudiendo aumentar en ocasiones la sintomatología depresiva, como los sentimientos de tristeza o la apatía.

Incertidumbre: Uno de los efectos emocionales más habituales en la mayoría de personas desempleadas de larga duración, es la experimentación de ansiedad, dada la persistencia de un estado de incertidumbre, al no saber cuánto tiempo durará la situación y cuanto se tardará en conseguir un empleo.

Responsabilidad, Culpa, Vergüenza: La persona puede llegar a sentir que ha fallado, pues en este caso también se cree responsable de su situación, se siente en culpa por no ha logrado mantener o encontrar un empleo. Muchos se sienten avergonzados y este sentimiento se pone de aún más de manifiesto cada vez que tiene que hablar de su situación con otras personas o afirmar que no tiene trabajo.

Recomendaciones para salir de la negatividad:

  1. Adopta una actitud activa.
  2. Reinvéntate a nivel profesional y personal. 
  3. Deja de personalizar la causa de tu situación.
  4. Establece una rutina diaria.
  5. Concibe la búsqueda de trabajo, como un trabajo en sí mismo
  6. Adopta una visión global de tu trayectoria profesional, de tus conocimientos, de tus habilidades.
  7. Evita alejarte de tu familia y amigos.
  8. Comparte todas tus emociones con las personas más cercana.

Raffaele Tuccillo, psicologo y terapeuta.

Publicado por cdmon en anisedad, ansiedad, Artículos de psicología, depresión, Raffaele Tuccillo, Sin categoría, 0 comentarios
¿Qué es el Trastorno Narcisista de la Personalidad?

¿Qué es el Trastorno Narcisista de la Personalidad?

Es un trastorno de la personalidad que se caracteriza por ideas de grandeza, necesidad constante de admiración y falta de empatía.

¿Cuáles son los rasgos del Trastorno Narcisista de Personalidad?

Las personas con Trastorno Narcisista de Personalidad adoptan actitudes soberbias, arrogantes y de desprecio hacia los demás, a menudo considerándolos las causas de sus problemas. Se creen que son personas especiales y únicas y esperan recibir aprobación y elogios por sus cualidades superiores. Se desconciertan y enfadan cuando no reciben los elogios y presentan una tendencia a rumiar sobre esta falta por parte del otro.

Tienen tendencia a reaccionar a las críticas experimentando ira por un lado y vergüenza por el otro. Presumen que tienen que frecuentar o piensan que podrían ser entendidos solo por personas especiales, prestigiosas o de alto estatus social o intelectual. Esto, junto con la falta de sensibilidad a los deseos y necesidades de los demás, a menudo les lleva a la explotación y manipulación de las otras personas. Por lo general, estos individuos carecen de empatía, y se muestran incapaces de reconocer los sentimientos y necesidades de los demás o de identificarse con ellos.

¿Cuáles son las consecuencias de tener un Trastorno Narcisista de Personalidad?

Estados depresivos por:

  • ruptura de relaciones sentimentales, familiares o de amistad
  • falta de reconocimiento en el ámbito profesional
  • sentimientos de insatisfacción con la propia vida
  • por pérdidas o fracasos que disminuyen la sensación de grandeza
  • Abuso de drogas y alcohol
  • Rabia y agresividad verbal y física
  • Profundo sentimiento de vacío

Ansiedad social por hipersensibilidad al juicio de los demás

Abuso de drogas y alcohol

Rabia y agresividad verbal y física

Profundo sentimiento de vacío

Posibles causas del Trastorno de Personalidad Narcisista:

  • Causas genéticas
  • Problemas en el apego o en las relaciones con los padres en la infancia tales como: padres distantes o no disponibles, falta de empatía de los padres, excesivo énfasis de la familia en valores como estatus social, poder o riqueza.

¿Cuáles son los rasgos del Trastorno Narcisista de Personalidad?

  • Actitudes de superioridad hacia los demás como: soberbia, arrogancia y desprecio. 
  • Creencia de ser personas especiales y únicas.
  • Expectativa de recibir aprobación y elogios por sus cualidades superiores.
  • Tendencia a reaccionar a las críticas experimentando ira por un lado y vergüenza por el otro.
  • Tendencia a frecuentar solo personas de alto estatus social o intelectual.
  • Insensibilidad a los deseos y necesidades de los demás.
  • Tendencia a la explotación y manipulación de las otras personas.
  • Falta de empatía, incapacidad a reconocer los sentimientos y necesidades de los demás o de identificarse con ellos.

Los trastornos de la personalidad son principalmente problemas con la identidad propia y el funcionamiento interpersonal. Si reconoces alguna de estas características o rasgos en ti o en tus familiares no dudes en ponerte en contacto con nosotros.

Raffaele Tuccillo, psicólogo y terapeuta.

Publicado por cdmon en anisedad, Artículos de psicología, Psicología, Raffaele Tuccillo, Sin categoría, 0 comentarios
¿Qué es el Trastorno Límite de Personalidad?

¿Qué es el Trastorno Límite de Personalidad?

El Trastorno Limite de Personalidad, es un tipo de trastorno de personalidad que en el DSM-5, el Manual Diagnóstico y Estadístico de los trastornos mentales, está categorizado en el grupo B, junto con el Trastorno de personalidad Antisocial, el Trastorno Narcisista y Histriónico.

Así como en otros tipos de trastornos de personalidad, la diferencia significativa con los demás trastornos psicológicos es que no tienen un comienzo, el problema tiene que ver, así como dice el mismo término, con la personalidad de estos pacientes. Podríamos decir que estos problemas persistentes en la percepción, reacción y relación con los demás se han desarrollado con sus personalidades, son parte de ellos mismos. Aun así, siendo una parte de sus vidas, estas personas son muy problemáticas con sus familiares, sus amigos, sus compañeros de trabajo. Esto, con el tiempo, determina que la persona se dé cuenta que algo no funciona en su vida.

Quien padece de trastorno límite de personalidad (TLP) presenta una inestabilidad emocional, de su imagen y de su estado anímico, además de sufrir de fuerte impulsividad

¿Cuáles son los síntomas?

Los síntomas generales del Trastorno Límite de Personalidad son:

  • Comportamiento inestable e impulsivo 
  • Relaciones inestables e intensas 
  • Cambios del estado anímico constantes 
  • Miedo intenso al abandono 
  • Conductas de riesgo

Los síntomas cognitivos:

  • Dificultad para reflexionar sobre sus experiencias, estados anímicos y relaciones interpersonales 
  • Construcción del mundo y de los demás en «todo o nada”, idealizando o devaluando al otro
  • Imagen de uno mismo distorsionada 
  • Pueden desarrollar ideación paranoide bajo estrés

Los síntomas emocionales: 

Los cambios constantes del estado anímico se desatan sobre todo como respuesta a sucesos relacionales desagradables. Como por ejemplo un rechazo, una crítica o una simple falta de atención por parte de los demás. La reacción emocional de quienes padecen este trastorno es mucho más inmediata, marcada y duradera que la de otras personas (vulnerabilidad emocional), por lo que podríamos hablar en estos casos de desregulación emocional ya que tienen mucha dificultad en manejar sus emociones.

La impulsividad es otro rasgo característico de estas personas, de hecho, muchas veces en el intento de controlar sus picos emocionales, recurren a la acción de manera impulsiva, actuando sin pensar. Las consecuencias son arrebatos de ira, peleas violentas, abuso de sustancias, atracones, problemas con el juego de azar, promiscuidad sexual, gastos imprudentes. También pueden producirse actos auto-lesivos, a veces incluso de forma recurrente (cortes en el cuerpo con hojas de afeitar o quemaduras con colillas de cigarrillos, ingestión de dosis excesivas de psicofármacos) o intentos de suicidio.

Otra característica importante de las personas con Trastorno límite de Personalidad es la dificultad para reflexionar sobre sus vivencias, sus estados de ánimo y sus relaciones interpersonales de forma coherente y lineal. Tienen un punto de vista sobre sí mismos o sobre los demás extremadamente contradictorio. Sus relaciones son tumultuosas, intensas, pero una vez más extremadamente inestables y caóticas. No tienen término medio, «todo o nada», oscilan rápidamente entre la idealización del otro y su devaluación.

El trastorno Limite de Personalidad tiene algunas características en común con los trastornos del estado de ánimo, sobre todo con el Trastorno Bipolar. Ambos trastornos presentan intensos estados de euforia y depresión. La diferencia importante es que mientras en el  Trastorno Límite de Personalidad la desregulación emocional y los cambios de humor se manifiestan en función del contexto, de cómo va su vida y sus relaciones, pasando de euforia a frustración si las cosas no le van bien; en el trastorno bipolar, los cambios de humor se producen de forma cíclica e independiente del contexto.

¿Qué hago si tengo esos síntomas? 

El Trastorno Limite de Personalidad puede conllevar mucha frustración y ansiedad en las personas que lo padecen y es casi imposible salir de estos síntomas sin empezar una terapia psicológica con constancia y determinación al cambio.

En el Centro de Terapia Cognitiva somos expertos en el tratamiento de la sintomatología del trastorno límite de personalidad. Nos enfocamos sobre todo en la desregulación emocional (uno de los problemas más importante para estas personas) y en mejorar la capacidad reflexiva y auto reflexiva, con el fin de superar las creencias basada en la visión «blanco o negro» de uno mismo o del mundo.

Raffaele Tuccillo, psicólogo y terapeuta.

Publicado por cdmon en anisedad, Artículos de psicología, Raffaele Tuccillo, Sin categoría, trastorno límite de personalidad, 0 comentarios
La rabia

La rabia

La rabia es una emoción útil, pero a veces puede ser un gran problema.

Siguiendo nuestro viaje en el mundo de las emociones de esta semana hablaremos de la rabia. Iremos profundizando en su conocimiento para hacer amistad con ella. Al fin y al cabo, la rabia es una emoción que se manifiesta en todos nosotros, adultos o niños y en algunos casos puede llevar a conductas muy concretas, mientras que en otras ocasiones la ahogamos.

Cuando observamos a un recién nacido que no quiere hacer o comer algo, vemos que expresa su desagrado con gritos o lanzando objetos, por ejemplo. Estas conductas sugieren que la rabia es una de las emociones innatas que experimentamos desde recién nacidos. Es una emoción que nos permite defendernos y autoafirmarnos para poder sobrevivir en el ambiente en el cual estamos. Podemos afirmar sin ninguna duda que la rabia es adaptativa.

Pero la rabia también puede volverse nuestra enemiga y generar malestar. Hay muchos factores que pueden llevarnos a perder la calma, como por ejemplo cuando consideramos a otra persona responsable de un daño o una molestia. Otras veces podemos enfadarnos con nosotros mismos, en todos los casos necesitamos encontrar un culpable. A menudo nos pasa que nos enfadamos con las personas que más queremos, como con nuestros padres o nuestras parejas, porque esperamos que siempre nos entiendan y escuchen. Cuando esto no ocurre, la rabia nos hunde.

La rabia tiene un movimiento sinusoidal, a veces tiene picos que se llaman cólera/ira o al contrario, puede tener una intensidad baja como cuando sentimos una molestia, impaciencia o irritación. Igualmente es una reacción emocional intensa pero transitoria. Por lo general hablamos de rabia disadaptativa, disfuncional o patológica cuando se genera sufrimiento personal o cuando daña nuestras relaciones sociales y personales.

En otras ocasiones la rabia no es negativa, como decíamos en el caso de los bebés, sino adaptativa, pero también de adultos podría serlo si logramos gestionarla a través de otros canales, ya que nos permite aumentar nuestro bienestar y no quedarnos atrapados en esta emoción.

Annalaura Cardella, psicóloga y terapeuta.


Publicado por cdmon en anisedad, Annalaura Cardella, Artículos de psicología, Ataque de pánico, Emociones, la rabia, Problemas Relacionales, Psicólogos, Psicólogos de Barcelona, Sin categoría, 0 comentarios
El miedo

El miedo

El miedo es una de las emociones básicas para los seres vivos, nos permite estar en alerta para superar los peligros y nos ayuda a sobrevivir.

Frente al peligro, nuestro cuerpo produce una hormona, la adrenalina, que nos empuja a cambios físicos y mentales y nos prepara a la acción: lucha o huida. Si pensamos en la evolución del hombre, es precisamente gracias al miedo que nuestros antepasados se han protegido ante animales salvajes, enemigos o ambientes hostiles y salvajes.

Ahora por lo menos, en las sociedades occidentales, los estímulos que nos producen miedo ya no vienen de nuestro temor a leones o invasores, si no más bien a la pérdida de trabajo, un cambio en nuestra vida o los diferentes problemas con los que tenemos que lidiar diariamente. Pero las reacciones físicas, cognitivas y conductuales se mantienen, las mismas que tenían nuestros antepasados. 

Aunque a veces estamos hartos de sentir el miedo y queremos eliminarlo o borrarlo de nuestra vida, es una emoción que, como hemos dicho, es muy útil, así come la ansiedad y las preocupaciones. Todas estas emociones se vuelven un problema solo cuando son experimentadas de una forma muy intensa o fuera de contexto. Las cosas cambian cuando el miedo se vuelve crónico y no se puede relacionar con ningún estímulo concreto.

El miedo, a veces, no es solo una emoción que sentimos por algo concreto, un lugar, una persona o una situación, sino que a veces tenemos miedo de experimentar otras emociones. Cuántas veces hemos visto que nuestros pacientes tienen miedo a unas emociones concretas como la soledad, la vergüenza, etc… Aprender que estas emociones existen, que todos las sentimos, que se pueden expresar y compartir, que son humanas y que no nos dañan, hace que el miedo poco a poco desaparezca de nuestras vidas. El miedo puede representar una emoción tapadera de otras emociones, así como la ansiedad. Pasa que a veces solo nos focalizamos en esto, en nuestra vida, que no hay espacio para nada más. Cuando volvemos a sentir y a nombrar cada emoción con su nombre el miedo vuelve a su lugar, no ocupa todos los espacios de nuestras vidas.

En el CTC somos expertos en el tratamiento de la desregulación emocional, en el trabajo con la ansiedad y el miedo, nuestro objetivo es permitir que la persona pueda manejarlo de una forma sana y adaptativa, que deje de huir frente a todo lo que le provoca pavor, que se enfrente a ello. Trataremos de que el miedo no se vuelva la torre desde la cual se protege y te siente segura, trataremos que logre crecer, que explore el mundo con ganas y que alcance sus objetivos, personales, profesionales y relacionales.

Annalaura Cardella, psicóloga y terapeuta.

Publicado por cdmon en anisedad, Ataque de pánico, Miedo, Patologías, Problemas Relacionales, Psicología, Psicólogos, Sin categoría, 0 comentarios
¡Suelta la rumiación!

¡Suelta la rumiación!

La rumiación es una forma de pensamiento repetitivo y circular, negativo y frecuente.

La rumiación está presente cuando nos quedamos encerrados en nuestros pensamientos negativos y nos imaginamos continuamente situaciones negativas que podrían pasar en el futuro, sobretodo en contextos de incertidumbre. Es un síntoma central sobre todo en los trastornos de ansiedad y también de la depresión. Nuestro método os enseñará como gestionar y regular la rumiación.

A veces podemos tener la impresión de no ser capaces de controlar la rumiación. Nos cae encima y se dispara antes de que podamos darnos cuenta. En ese momento intentamos no pensar, desviar la atención, pero el resultado de todos nuestros esfuerzos es que apenas nos abandona para unos instantes y luego nos despertamos otra vez reflexionando sobre temas negativos. La rumiación no es algo que nos pasa de forma involuntaria, es una costumbre, una muy negativa costumbre, que está bajo nuestro control. Intentemos pensar en todas aquellas veces en que la rumiación se paró, así de golpe, por una llamada telefónica de algún amigo o un familiar, por algún acontecimiento que nos distrajo o por alguna urgencia. 

También una profunda ansiedad por nuestras preocupaciones puede ser interrumpida por algo que nos pasa a nuestro alrededor, por ejemplo, accidentalmente un amig@ que se cae mientras estamos paseando con él y necesita que le ayudemos. En aquel momento podemos controlar la rumiación, lo hacemos de manera voluntaria, pero casi sin darnos cuenta. Se trata de darnos cuenta y acostumbrarnos a poner en acción otra conducta mental, entrenarnos hasta que no se vuelva una costumbre.

Intentamos hacer un pequeño un ejemplo:

  1. Intenta rumiar sobre un problema tuyo. Ahora, no es broma, elige un problema que tengas e intenta pensar en todo lo negativo que te podría pasar. Mira el reloj y intenta hacerlo por lo menos dos minutos, déjalo ir.
  2. Ahora empieza a mirar a tu alrededor, busca todos los objetos de forma rectangular que logres ver. La rumiacion puede seguir como si fuera una radio en tu cabeza, déjalo ir, pero busca los rectángulos en tu habitación o en el ambiente, observa, intenta encontrar aquellos que no están delante de tus ojos. Quédate allí y observa el mundo.
  3. Mientras observas el mundo, pon la rumiacion a un lado. El mundo no se acaba.

La rumiacion es como una cometa, puede volar, pero tú lo tienes aún agarrado. Puedes soltarlo y mirar hacia fuera. Así que cada vez que te encuentres atrapad@ en la rumiación, intenta mirar el mundo y céntrate sobre lo que ves, sientes y tocas. Suelta y mira a tu alrededor.

Si la ansiedad y el estrés de la rumiación siguieran, aconsejamos consultar un psicoterapeuta. En el CTC somos expertos en el tratamiento del pensamiento repetitivo, te ayudamos a romper esos círculos viciosos que tanto invalidan y que no te permiten encontrar el bienestar que buscas.

Annalaura Cardella, psicóloga y terapeuta.

Publicado por cdmon en anisedad, Ataque de pánico, Covid 19, Miedo, Patologías, Psicología, rumiación, Sin categoría, 0 comentarios
Problemas relacionales y tipos de apego

Problemas relacionales y tipos de apego

Hablamos de problemas relacionales cuando una persona tiene dificultad para interactuar o relacionarse con otras personas hasta el punto de que esta dificultad paraliza o empobrece su desarrollo individual, laboral o de pareja.

Celos, dependencia relacional o emocional, miedo al compromiso, miedo al abandono, relaciones tóxicas, problemas post-ruptura sentimental, tendencia a las infidelidades, miedo a estar solo, miedo a no ser aceptado, miedo a no ser querido, son causas de nuestros problemas relacionales.

A la base de estos problemas, tenemos que considerar el estilo de apego que una persona tiene en su infancia, lo cual influye de manera significativa en la calidad de las relaciones afectivas que establecerá en la edad adulta. Los seres humanos somos seres sociales que necesitamos del contacto y de la relación con los demás para desarrollarnos, sobre todo en los primeros años de nuestra vida. Existe una correlación entre el estilo y el tipo de apego que tiene una persona y el tipo de comunicación de ésta con su entorno, con el tipo y la manera de relacionarse y con el manejo de sus emociones.

Los tipos de apegos que se han identificado son los siguientes:

Seguro: cuando un niño confía en que sus padres serán accesibles, sensibles y colaboradores cuando está en situaciones difíciles, contando con esta seguridad, se atreve a hacer sus exploraciones del mundo.

Ansioso: el niño está inseguro de si sus padres serán accesibles y si lo ayudarán cuando lo necesite. Además, esto se refuerza cuando uno o ambos padres se muestran accesibles en algunas ocasiones y en otras no.

Evitativo: cuando el niño no confía en que recibirá cuidados al necesitarlo, sino que espera no ser atendido, razón por la cual intenta volverse emocionalmente autosuficiente. Este tipo de apego es resultado del rechazo continuo de los padres cuando el niño se acerca a ellos en busca de alivio y protección.

Desorganizado: cuando el cuidador no sólo es imprevisible e impredecible sino también agresivo, violento, y abusa o maltrata al niño. Las personas que tienen que proteger y cuidar son precisamente las que maltratan, de manera que esto genera un desequilibrio interno muy fuerte. 

Estos tipos de apegos generan los que los psicólogos llaman Modelos Operativos Internos ósea representaciones, mapas cognitivos, esquemas o guiones que una persona tiene de sí mismo y de su entorno. Estos modelos favorecen la organización de la experiencia subjetiva y cognitiva y la adaptación a un mundo complejo.

Todas estas formas de pensar sobre sí mismo y el mundo, que forman parte del los Modelos Operativos Internos que en algún momento eran conscientes y controlados por la voluntad de la persona, poco a poco se vuelven con los años y las experiencias cada vez menos conscientes y más automáticos. Y como consecuencia de que los procesos automáticos resultan más eficientes al requerir una menor demanda de atención, pierden flexibilidad y tienden a volverse demasiado estáticos y rígidos.

Los Modelos Operativos Internos pueden cambiar durante los procesos vitales de transición más importantes como casarse, tener un bebé, la muerte de un ser cercano. Estos sucesos representan cambios significativos en el ambiente social que pueden contradecir los antiguos modelos existentes. Los modelos operativos se pueden modificar también cuando la persona reinterpreta, o vuelve a pensar en sus experiencias pasadas. 

Los Modelos Operativos Internos rígidos, inflexibles y automáticos pueden ser la base de muchos de nuestros problemas relacionales. Sacar a la luz estos mapas cognitivos de nuestras relaciones, estos procesos automáticos, hará que podamos tener más conciencia de lo que nos pasa para poderlos modificar si se vuelven disfuncionales.

Raffaele Tuccillo, psicólogo y terapeuta.

Publicado por cdmon en Artículos de psicología, Problemas Relacionales, Psicología, Raffaele Tuccillo, Sin categoría, Terapia de parejas, 0 comentarios
Trastornos de personalidad

Trastornos de personalidad

El trastorno de personalidad puede ser identificado como un fracaso en una o más tareas existenciales universales: formar una representación estable e integrada de sí mismo y de los demás y construir relaciones interpersonales adaptativas.

Las relaciones adaptativas se identifican en la incapacidad de desarrollar relaciones íntimas, funcionar como figura de apego y lograr un buen funcionamiento social teniendo conductas colaborativas y prosociales.

Se consideran trastornos egosintónicos, es decir, las acciones, los pensamientos y las emociones de estas personas resultan congruentes con sus escalas de valores y creencias. Como resultado, no se dan cuenta de padecer estos tipos de problemas. 

La mayoría de las veces estas modalidades sociales desadaptativas causan molestias significativas en las personas que rodean al paciente. El sufrimiento causado por las consecuencias de sus conductas es la razón por la que deciden acudir al psicólogo, en lugar de las molestias asociadas a sus síntomas.

Otra diferencia significativa con los demás trastornos psicológicos es que no tienen un comienzo, el problema tiene que ver, así como dice el termino, con la personalidad de estos pacientes. Podríamos decir que estos problemas persistentes en la percepción, reacción y relación con los demás se han desarrollado con sus personalidades, son parte de ellos mismos. Aun así, siendo una parte de sus vidas, estas personas son muy problemáticas con sus familiares, sus amigos, sus compañeros de trabajo. Esto, con el tiempo, determina que la persona se de cuenta que algo no funciona en su vida. 

Las relaciones con miembros de la familia, amigos y compañeros de trabajo se vuelven difíciles, insatisfactorias, conflictivas, por lo que estas personas son evitadas sistemáticamente. La consecuencia es una fuerte sensación de soledad. Los trastornos de la personalidad son generalmente reconocibles a partir de la adolescencia, o al comienzo de la edad adulta. El diagnóstico por lo general se hace después de los 18 años, ya que antes la personalidad aún se está desarrollando.

Los trastornos de la personalidad afectan al menos a dos de estas áreas:

  • la forma de pensar en sí mismo y en los demás
  • la forma de responder emocionalmente
  • la manera de relacionarse con otras personas
  • el control del comportamiento

La mayoría de las personas con un trastorno de la personalidad están insatisfechas con sus vidas. Además, presentan numerosos problemas interpersonales en el trabajo o en situaciones sociales. Son muy frecuentes los síntomas de ansiedad, depresión, abuso de sustancias o trastornos alimentarios.

Por lo general buscan ayuda por su cuenta, o por los problemas causados por su personalidad en la relación con los demás o por otros síntomas perturbadores como: la ansiedad, la depresión o el abuso de sustancias. En estos casos, sin embargo, tienden a creer que sus problemas son causados ​​por otras personas o por las circunstancias de la vida sobre las cuales no creen tener el control.

Raffaele Tuccillo (Psicólogo, psicotereapeuta)

Publicado por cdmon en Artículos de psicología, Sin categoría, Trastornos de personalidad, 0 comentarios
La rana hervida: la ansiedad y sus manifestaciones.

La rana hervida: la ansiedad y sus manifestaciones.

La ansiedad es una emoción preventiva, ya que nos pone en alerta ante los peligros que podrían darse en cualquier momento. Pero la ansiedad es también una emoción reactiva, ya que prepara a la acción subiendo los niveles de actuación.

Existen temporadas en la vida en las que sentimos mucha tensión, hasta incluso percibir que los recursos físicos y cognitivos que tenemos se terminan. Cuando experimentamos esas situaciones estamos constantemente en alerta, es cuando estamos con ansiedad.

Entonces, si la ansiedad dura el tiempo necesario para enfrentarse a una prestación, es funcional y adaptativa y nos ayuda a perseguir nuestro objetivo. Pero cuando es al revés, la ansiedad sigue, supera un límite y empieza antes de efectuar una tarea y se mantiene en el tiempo, entonces se vuelve problemática o patológica. La excesiva ansiedad nos lleva a superar nuestro autocontrol, pasando a una situación altamente disfuncional, porque rumiamos constantemente.

La sintomatología de la ansiedad es:

  • Física: taquicardia, arritmia, náusea, diarrea, escalofríos, vértigos, tensión muscular, nudo a la garganta, sudoración, pérdida del deseo sexual y ausencia de apetito.
  • Psíquica o cognitiva: trastornos del sueño, insomnio, dificultad de concentración, irritabilidad, nerviosismo, miedo a perder el control.

Las personas con ansiedad patológica, tienen una tensión constante, se preocupan mucho y piensan en una catástrofe inminente. Por esto evitan compromisos relacionales, sociales, laborales y sentimentales hasta renunciar a vivir. La ansiedad se vuelve insostenible y angustiante, limitando la vida cotidiana.

Os dejo un cuento que puede ser utilizado como metáfora de la ansiedad:

«Imaginaros una olla llena de agua fría en la cual nada una rana tranquilamente. Se enciende el fuego bajo la olla, el agua se calienta poco a poco. Rápidamente se vuelve tibia. La rana la encuentra bastante agradable y sigue nadando. La temperatura va subiendo. Ahora el agua es cálida, un poco más y la rana empieza a no sentirse tan a gusto. Ahora el agua se ha vuelto demasiado caliente, la rana la encuentra muy desagradable, pero tiene menos fuerza para reaccionar. Entonces soporta, soporta y no hace nada. Mientras la temperatura sigue subiendo, hasta el momento en que la rana termina hervida. Si la rana hubiese sido metida directamente en el agua a 50 grados hubiera reaccionado saltando fuera de la olla.»

Este cuento/metáfora describe muy bien la dificultad que pueden tener las personas con ansiedad en empezar a darse cuenta de la sintomatología y poder empezar a cuidarse para poder hacer frente a las circunstancias.

En CTC somos experto en el tratamiento de la ansiedad. Nuestro método focaliza en encontrar el conflicto que genera la sintomatología ansiosa, romper los círculos viciosos (rumiaciones) que no nos permiten «saltar fuera de la olla». Os proporcionamos herramientas para manejar la ansiedad y así para poder daros cuenta más rápidamente cuando la «temperatura» está subiendo y necesitamos un cambio o una reacción frente a la situación.

Annalaura Cardella, psicóloga y terapeuta.

Publicado por cdmon en anisedad, Artículos de psicología, Patologías, Psicología, Sin categoría, 0 comentarios
Qué es, tipos y fases del Trastorno Bipolar

Qué es, tipos y fases del Trastorno Bipolar

El trastorno bipolar es una patología muy grave que, si no es tratada de manera oportuna y adecuada, puede causar mucho sufrimiento y resultar muy incapacitante para la vida de la persona.

El trastorno bipolar se caracteriza por cambios patológicos en el estado de ánimo, en las emociones y en el comportamiento. Todos con una duración bastante variable. Estos cambios en el estado de ánimo persisten durante meses y años. Tanto la manía como la depresión tienen un impacto significativo en la vida del individuo y son muy debilitantes.

Trastorno bipolar I

Según el DSM-5, el Manual Diagnóstico y Estadístico de Trastornos Mentales, es suficiente para diagnosticar un Trastorno Bipolar I una historia de manía o la presencia de un episodio maníaco. A pesar de esto, se estima que solo el 5% de los pacientes con trastorno bipolar no han experimentado episodios depresivos mayores en su vida.

Trastorno bipolar II

El trastorno bipolar II se caracteriza por al menos un episodio hipomaníaco y un episodio depresivo mayor. El curso de la enfermedad a menudo se caracteriza por períodos prolongados de depresión intercalados con síntomas hipomaníacos periódicos.

Trastorno ciclotímico

Se caracteriza por una alternancia continua de períodos hipomaníacos y síntomas depresivos en un lapso de más de dos años que provocan un alto grado de mal funcionamiento social y laboral. En la ciclotimia, la intensidad de los síntomas hipomaníacos y depresivos es menor que los diagnósticos mencionados anteriormente.

Qué entendemos por fase hipomaníaca

La fase hipomaníaca se caracteriza por la disminución de la necesidad de dormir, la sensación de tener una mayor energía física y mental, una mayor eficiencia mental, una mayor capacidad de conversación. La persona se siente particularmente eufórica, pero también irritable, con la sensación de tener un mayor potencial personal, con un aumento repentino de la autoestima. Todo parece posible y factible, sin consecuencias, tanto que a menudo se llevan a cabo acciones impulsivas, a veces imprudentes, incluso peligrosas para sí mismo o para los demás. La persona hipomaníaca puede presentar una mayor seguridad relacional que en el pasado reciente, hasta una desinhibición excesiva, incluso con un comportamiento socialmente inapropiado.

Qué entendemos por fase maníaca

La persona en la fase maníaca no puedes completar proyectos, su comportamiento tiende a ser desorganizado, caótico, no concluyente. El estado de ánimo es irritable, disfórico, aunque muy fugaz, por lo que puede cambiar de la felicidad a la ira muy rápidamente. Los pensamientos y palabras van tan rápidos que es difícil seguirlos. Los discursos se vuelven incoherentes, la atención salta de una cosa a otra, hay una gran distracción. La persona siente unos niveles de energía tan altos que no siente la necesidad de dormir o comer. A menudo, los sentidos parecen refinarse y la percepción se vuelve más vívida. La sensación de tener un enorme potencial personal puede empeorar y convertirse en una ilusión de omnipotencia, de grandeza. En un porcentaje no despreciable de casos, se producen alucinaciones auditivas, con menor frecuencia visual u olfativas. El deseo sexual también puede aumentar, volviéndose casi urgente, con comportamientos impulsivos. A las personas cercanas a los que sufren de manía les resulta difícil reconocerlo ya que su comportamiento aparece totalmente el opuesto de lo habitual. Pueden aparecer creencias de grandeza, pero también convicciones de ser perseguido y/o controlado. Tienen poca capacidad para evaluar las consecuencias de las propias acciones. 

Qué entendemos por fase depresiva

En la fase depresiva, el estado de ánimo es muy bajo, con profunda tristeza durante la mayor parte del día y durante al menos 14 días. Nada de lo que anteriormente interesaba y gustaba proporciona placer. Se pierde el sentido de la vida, que parece profundamente dolorosa. Suelen aparecer problemas del sueño, especialmente en la mañana, el apetito puede aumentar o disminuir. Uno se siente sin energías físicas, fácilmente cansado, con una gran dificultad para concentrarse o memorizar nueva información. Los pensamientos son más lentos y normalmente giran en torno a temas de culpa, muerte, ruina, fracaso. Se percibe el futuro sin ilusión, con desesperanza. En las fases depresivas el humor puede ser tan bajo que puede provocar suicidio o actos de autolesión. La fase depresiva, por lo general, dura más que la fase hipomaníaca o maníaca, que pueden durar incluso unos pocos días. A veces, de una fase, se pasa inmediatamente a otra, otras veces hay un período de ánimo normal o de mezcla con ansiedad e inestabilidad.

Según las estadísticas, el trastorno bipolar tiene una incidencia en la población entre 1 y 2%. El trastorno bipolar I afecta tanto a hombres como a mujeres por igual, mientras que el trastorno bipolar II es más común en mujeres. En general, el primer episodio ocurre después de la mayoría de edad, entre 18 y 30 años, y luego reaparece durante el curso de la vida. La edad promedio de aparición del trastorno bipolar es de 20 años.

Entre los trastornos psiquiátricos, el trastorno bipolar se encuentra entre aquellos con la mayor herencia. De hecho, los estudios han demostrado que hay un 10% de probabilidad de desarrollar un trastorno bipolar si un miembro de la familia con esta patología está presente en la familia, en comparación con la población general promedio, que es del 1%.

A pesar de que el trastorno bipolar se encuentra entre las enfermedades psiquiátricas con una base orgánica bien identificada y, por lo tanto, tratable farmacológicamente, es importante recordar que es necesario una terapia psicológica. Uno de los problemas más importante para estos pacientes es la egosintonicidad de los síntomas, estos pacientes, a diferencia de las personas con otros trastornos psicológicos, no reconocen tener algún problema que le este limitando o invalidando sus vidas. Así que mientras que en las fases depresivas quizás es más fácil que el paciente pida ayuda a un profesional, en las fases hipomaníacas y maníacas no reconoce estar necesitados de una terapia farmacológica o psicológica. Esto complica mucho la adherencia a la terapia. Por lo tanto, construir una buena relación terapéutica y hacer que reconozcan el momento que en que llegan las fases, sobre todo las fases hipomaniaca o maniaca es un logro muy importante para promover una correcta conformidad a los tratamientos. Es necesario que la persona aprenda estrategias más efectivas para lidiar con las dificultades diarias, como controlar su ira o mejorar sus habilidades de comunicación.

Hay que evidenciar también que los aspectos metacognitivos interpersonales también juegan un papel importante, caracterizado por las dificultades para reconocer las emociones de los demás o regular las propias.

El trastorno bipolar requiere una intervención adecuada y muy oportuna, especialmente teniendo en cuenta el alto riesgo de suicidio que la persona puede enfrentar, especialmente en las fases depresivas o cuando la persona este pasando de una fase hipomaníaca o maníaca a la fase depresiva.

Raffaele Tuccilo, psicólogo.

Publicado por cdmon en Artículos de psicología, Patologías, Psicología, Psicólogos, Psicólogos de Barcelona, Sin categoría, Terapia, Terapia pisocológica, Trastorno Bipolar, 0 comentarios