Aunque la segunda ola de la pandemia de Covid-19 nos ha cogido más preparados tanto a nosotros como a las instituciones, el aumento de casos y las nuevas medidas restrictivas han representado nuevas complicaciones desde un punto de vista social/económico.

Cada vez hay más desempleo, personas que han tenido que cerrar sus negocios, muchas familias que tienen que acudir a centros de ayuda y bancos de alimentos, personas que han perdido sus casas, que han tenido que irse a vivir con sus padres o volver a compartir piso. 

Claramente también desde un punto de vista psicológico la duración de la pandemia está causando diferentes problemas que pueden ser el resultado del derrumbe de la situación económica, pero también pueden depender de otros factores. Examinemos cuáles son las las posibles consecuencias sobre nuestra salud psicológica y cuáles son las posibles causas.

Miedo al futuro

La primera cuarentena, que duró desde marzo hasta mayo, se percibió como necesaria para poder combatir todos juntos un problema de todo el país, una crisis sanitaria mundial. Los planes de ayuda tuvieron un fuerte impacto social y se pensaba que al reactivar la economía la vida retomaría su curso natural. Había miedo por lo que estaba pasando, pero esperanza sobre el futuro, ganas de ganar la batalla contra el virus. Ahora el futuro se ve más incierto, no se sabe cuándo la pandemia dejará de afectarnos, no se sabe hasta cuándo tendremos que seguir con estas medidas restrictivas, ni si las vacunas tendrán el efecto esperado. Este miedo al futuro causa ansiedad, hipervigilancia, posibles ataques de pánico, pesadillas nocturnas, problemas a conciliar el sueño y otros problemas de insomnio.

Inestabilidad 

La situación económica desastrosa esta provocando en muchas personas inestabilidad laboral y la incapacidad de planear nuevos objetivos de trabajo. Junto con la inseguridad económica muchas personas están sufriendo también una inestabilidad emocional, derivada de la alternancia de emociones positivas, de felicidad con emociones de desesperanza, miedo y preocupación.

Soledad

El aislamiento social, necesario para evitar la propagación del virus, está provocando en muchas personas sentimientos de soledad profundos. Sobre todo, en las personas que viven solas, que ya tuvieron que soportar la dificultad de una larga cuarentena y que ahora están sintiéndose otra vez aislados de los demás (como amigos, compañeros de trabajo, familia, etc). En muchas ocasiones se está experimentando la dificultad de poder hacer nuevas amistades, ampliar el circulo de conocidos o poder emprender nuevas relaciones sentimentales. Este sentimiento está provocando en muchas personas tristeza, disforia y abatimiento hasta llegar en casos más graves a depresión profunda. 

Aburrimiento

La falta de posibles actividades sociales, el cierre en muchos casos de lugares de ocio, así como el cierre o las medidas tan estrictas en todas las iniciativas culturales está provocando una disminución general de los estímulos sociales y culturales necesarios en todos los seres humanos. El desarrollo de nuevas ideas, el compartir experiencias junto con otros, emociones, espacios, enriquece nuestro día a día representando un nutrimiento esencial para nuestras mentes y nuestras vidas. La consecuencia de la falta de estos estímulos son profundos sentimientos de aburrimiento, de vacío, de cansancio y tedio.

Culpa

Los cambios en las medidas de alejamientos social que quincenalmente se disponen crean una confusión en los ciudadanos, así como una desgana en el cumplimiento de las normas. Por otro lado, la necesidad de relacionarse con los demás, algo instintivo en los seres humanos, está siendo criminalizada constantemente por las instituciones y los medios de comunicación. Toda esta confusión y estos mensajes contradictorios nos está generando fuertes sentimientos de culpa, representando una lucha contra un instinto natural que provoca angustia, conflictos y una derrota constante.

Rabia

La culpa por un lado, el instinto de vivir una vida que hace nueve meses era normal, determina un conflicto con nosotros mismos, no siempre consciente y que en muchos casos puede desembocar en enfado y rabia, no solo contra nosotros mismos si no también contra los demás. Estamos observando cada vez más conflictos con parejas, hijos, padres, amigos consecuencia no solo de la falta de privacidad si no también de este sentimiento de rabia más profundo

Problemas relacionales

Las personas que han perdido sus casas, que por la situación económica precaria han tenido que adaptarse volviendo a vivir con sus padres o volver a compartir piso, la falta de espacios de autonomía, privacidad, libertad todo esto está provocando muchos problemas relacionales o en muchos casos agudizando los que ya existían.

La comprensión de todas estas emociones y problemas es, más que nunca, esencial para que cada persona comprenda y entienda que es el primer paso a resolver. Debemos utilizar todas nuestras herramientas, toda nuestra fuerza, para superar esta situación y en el caso de no lograrlo por nosotros mismos, no avergonzarnos y pedir ayuda a las personas que nos rodean o si necesario recurrir a un profesional de la salud mental.

Raffaele Tuccillo, psicólogo terapeuta.

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