La rabia es una emoción útil, pero a veces puede ser un gran problema.

Siguiendo nuestro viaje en el mundo de las emociones de esta semana hablaremos de la rabia. Iremos profundizando en su conocimiento para hacer amistad con ella. Al fin y al cabo, la rabia es una emoción que se manifiesta en todos nosotros, adultos o niños y en algunos casos puede llevar a conductas muy concretas, mientras que en otras ocasiones la ahogamos.

Cuando observamos a un recién nacido que no quiere hacer o comer algo, vemos que expresa su desagrado con gritos o lanzando objetos, por ejemplo. Estas conductas sugieren que la rabia es una de las emociones innatas que experimentamos desde recién nacidos. Es una emoción que nos permite defendernos y autoafirmarnos para poder sobrevivir en el ambiente en el cual estamos. Podemos afirmar sin ninguna duda que la rabia es adaptativa.

Pero la rabia también puede volverse nuestra enemiga y generar malestar. Hay muchos factores que pueden llevarnos a perder la calma, como por ejemplo cuando consideramos a otra persona responsable de un daño o una molestia. Otras veces podemos enfadarnos con nosotros mismos, en todos los casos necesitamos encontrar un culpable. A menudo nos pasa que nos enfadamos con las personas que más queremos, como con nuestros padres o nuestras parejas, porque esperamos que siempre nos entiendan y escuchen. Cuando esto no ocurre, la rabia nos hunde.

La rabia tiene un movimiento sinusoidal, a veces tiene picos que se llaman cólera/ira o al contrario, puede tener una intensidad baja como cuando sentimos una molestia, impaciencia o irritación. Igualmente es una reacción emocional intensa pero transitoria. Por lo general hablamos de rabia disadaptativa, disfuncional o patológica cuando se genera sufrimiento personal o cuando daña nuestras relaciones sociales y personales.

En otras ocasiones la rabia no es negativa, como decíamos en el caso de los bebés, sino adaptativa, pero también de adultos podría serlo si logramos gestionarla a través de otros canales, ya que nos permite aumentar nuestro bienestar y no quedarnos atrapados en esta emoción.

Annalaura Cardella, psicóloga y terapeuta.


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