Hablamos de problemas relacionales cuando una persona tiene dificultad para interactuar o relacionarse con otras personas hasta el punto de que esta dificultad paraliza o empobrece su desarrollo individual, laboral o de pareja.

Celos, dependencia relacional o emocional, miedo al compromiso, miedo al abandono, relaciones tóxicas, problemas post-ruptura sentimental, tendencia a las infidelidades, miedo a estar solo, miedo a no ser aceptado, miedo a no ser querido, son causas de nuestros problemas relacionales.

A la base de estos problemas, tenemos que considerar el estilo de apego que una persona tiene en su infancia, lo cual influye de manera significativa en la calidad de las relaciones afectivas que establecerá en la edad adulta. Los seres humanos somos seres sociales que necesitamos del contacto y de la relación con los demás para desarrollarnos, sobre todo en los primeros años de nuestra vida. Existe una correlación entre el estilo y el tipo de apego que tiene una persona y el tipo de comunicación de ésta con su entorno, con el tipo y la manera de relacionarse y con el manejo de sus emociones.

Los tipos de apegos que se han identificado son los siguientes:

Seguro: cuando un niño confía en que sus padres serán accesibles, sensibles y colaboradores cuando está en situaciones difíciles, contando con esta seguridad, se atreve a hacer sus exploraciones del mundo.

Ansioso: el niño está inseguro de si sus padres serán accesibles y si lo ayudarán cuando lo necesite. Además, esto se refuerza cuando uno o ambos padres se muestran accesibles en algunas ocasiones y en otras no.

Evitativo: cuando el niño no confía en que recibirá cuidados al necesitarlo, sino que espera no ser atendido, razón por la cual intenta volverse emocionalmente autosuficiente. Este tipo de apego es resultado del rechazo continuo de los padres cuando el niño se acerca a ellos en busca de alivio y protección.

Desorganizado: cuando el cuidador no sólo es imprevisible e impredecible sino también agresivo, violento, y abusa o maltrata al niño. Las personas que tienen que proteger y cuidar son precisamente las que maltratan, de manera que esto genera un desequilibrio interno muy fuerte. 

Estos tipos de apegos generan los que los psicólogos llaman Modelos Operativos Internos ósea representaciones, mapas cognitivos, esquemas o guiones que una persona tiene de sí mismo y de su entorno. Estos modelos favorecen la organización de la experiencia subjetiva y cognitiva y la adaptación a un mundo complejo.

Todas estas formas de pensar sobre sí mismo y el mundo, que forman parte del los Modelos Operativos Internos que en algún momento eran conscientes y controlados por la voluntad de la persona, poco a poco se vuelven con los años y las experiencias cada vez menos conscientes y más automáticos. Y como consecuencia de que los procesos automáticos resultan más eficientes al requerir una menor demanda de atención, pierden flexibilidad y tienden a volverse demasiado estáticos y rígidos.

Los Modelos Operativos Internos pueden cambiar durante los procesos vitales de transición más importantes como casarse, tener un bebé, la muerte de un ser cercano. Estos sucesos representan cambios significativos en el ambiente social que pueden contradecir los antiguos modelos existentes. Los modelos operativos se pueden modificar también cuando la persona reinterpreta, o vuelve a pensar en sus experiencias pasadas. 

Los Modelos Operativos Internos rígidos, inflexibles y automáticos pueden ser la base de muchos de nuestros problemas relacionales. Sacar a la luz estos mapas cognitivos de nuestras relaciones, estos procesos automáticos, hará que podamos tener más conciencia de lo que nos pasa para poderlos modificar si se vuelven disfuncionales.

Raffaele Tuccillo, psicólogo y terapeuta.

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