Desafortunadamente para contener la expansión descontrolada de la epidemia, el gobierno ha necesitado tomar medidas muy duras que nos han obligado a todos a una larga temporada de cuarentena. Añadido al malestar que estás semanas de aislamiento social forzado ha producido.

Parece con toda probabilidad, que la desagradable condición que estamos viviendo pueda efectivamente influenciar de forma profunda nuestro bienestar psicofísico. En literatura existen diferentes investigaciones que evidencian los efectos negativos de un confinamiento prolongado para la salud de las personas. 

Cuarentena es una palabra que se introdujo en Venecia durante la peste del siglo XIV, que afectó a Europa y Asia durante mucho tiempo. El término describe la época de aislamiento obligado necesario para no difundir la epidemia. 

Si para nosotros esta experiencia es nueva y dolorosa, en realidad estas medidas de contención, ya se han tomado otras veces en diferentes épocas históricas. También en tiempos recientes diferentes países han actuado con estas medidas restrictivas, como por ejemplo China y Canadá por la epidemia de SARS durante el 2003, algunos países de África central durante la epidemia de Èbola, y la provincia del Hubei (China) a principio de año por contener la difusión del COVID-19.

Como ya todos desafortunadamente sabemos, la cuarentena es una experiencia inesperada, que conlleva la privación de libertad individual, la separación con personas queridas y un estado de incertidumbre sobre nuestra salud y nuestro futuro. Hay muchos factores de estrés que influyen de forma negativa en el distanciamiento social. Varias investigaciones subrayan que más prolongado es el confinamiento, más fácil es el desarrollo de sentimientos de rabia, síntomas de trastorno de estrés post traumático y de conductas fóbicas de evitación, así como se exacerba el miedo al contagio y el miedo de poder infectar a los demás. 

La pérdida del trabajo, de la rutina cotidiana y el distanciamiento social son causas de sentimientos negativos, como el aburrimiento, la soledad y el sentimiento de sentirse aislado del mundo. Los datos recogidos informan que es muy probable que durante la temporada de confinamiento se puedan desarrollar trastornos de tipo fóbico u obsesivo que permanecerán también en la post cuarentena. 

Unos de los problemas más graves de la cuarentena, además, son la crisis económica y la incertidumbre sobre nuestro futuro laboral. Interrumpir la propia actividad profesional de forma indeterminada conlleva efectos negativos sobre la salud psicológica que pueden permanecer también una vez finalizada la cuarentena. 

Si las instituciones quisieran limitar las consecuencias psicológicas negativas de esta situación deberían ofrecer más claridad y transparencia en las informaciones que tienen que ver con la duración del confinamiento y con las posibles acciones futuras para limitar la crisis económica. Cuanto más aislados y abandonados se sienten los ciudadanos durante esta temporada mayores serán las consecuencias negativas sobre su salud mental. 

Cabe añadir que en estos momentos tan delicados y críticos el recurso a un apoyo psicológico es necesario, no solo para los efectos a corto plazo de la situación si no también para prevenir todos los efectos a largo plazo.

Annalaura Cardella, psicóloga y psicoterapeuta. Núm. col. 20018